Tomada de la edición impresa del Domingo, 24 Julio 2011

Juegos tradicionales de ayer y hoy

Todo surgió de la buena imaginación de nuestros antepasados

Juegos tradicionales de ayer y hoy
Foto: Telégrafo
Uno de los jóvenes participantes está por llegar a la cima del palo encebado y alcanzar los premios; mientras que los observadores estimulan al participante.

Cinthia Herrera / Guayaquil

¿Quién no recuerda  el juego del palo encebado, pepo y trulo, rayuela, baile de Trompos, el huevo en la cuchara, cometas, saltos de soga, ensacados,  macateta, carreras de tres piernas?   Estos son los juegos tradicionales de nuestra ciudad, que generación tras generación se han instaurado.


Rodolfo Pérez Pimentel, historiador ecuatoriano indica que los juegos típicos tuvieron origen por la imaginación de nuestros ancestros. “Habían juguetes de lata importados de los Estados Unidos, pero eran muy caros, de tal manera que los niños usaban su imaginación y así se inventaron varios juegos. En la Sierra se fabricaba el  trompo y la perinola, que eran de tagua”, expresó  Pérez, quien también nos enseñó como hacer un “silbador, un juguete de los años 40”.


“Cuando era pequeño me sentaba en un esquina ponía una tapita de cola en el riel del tranvía y esperaba que pase unos 10 o 15 minutos, hasta eso la tapa quedaba aplastada, entonces, con un martillo y un clavo se le hacía un pequeño hueco y se le pasaba una piola, eso se llamaba silbador, un juguete que se usaba mucho en aquella época” Afirmó.


El famoso juego de la rayuela representa el conocimiento de uno mismo, este juego se realiza en el suelo, donde se dibuja una plataforma con diversas categorías (del 1 al 10).

Se lanza el  objetivo (una bolilla, un palo o hasta una piedra) para luego, saltar en un pie hacia dicha señal y recoger la pieza siempre en un pie y volver hacia la partida. Si lo consigue, intentará con la segunda categoría; si no, cederá su turno.


El palo encebado en cambio consiste en una caña de 20 centímetros de diámetro y de 5 a 6 metros de alto que se encuentra enterrado en una superficie. El palo untado en grasa deberá ser trepado para alcanzar el premio que está en la cima.


La finalidad es subir y no resbalarse hasta agarrar el premio que puede consistir en dinero en efectivo, regalos de pequeños o hasta golosinas.


Estos y otros juegos más anteriormente nombrados, han divertido a varias generaciones, como lo indica Alba Laborde, coordinadora pedagógica de la Escuela Municipal de Audición y Lenguaje. “Hemos aprendido por imitación a nuestros padres o abuelos, ahora nosotros les enseñamos estos juegos a los más pequeños”, expresó Laborde.


Tradiciones que a pesar del tiempo se siguen practicando en del siglo XXI.

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